sábado, 7 de julio de 2018

JOSÉ ANTONIO GIMÉNEZ ARNAU (José María García de Tuñón en Desde la Puerte del Sol)

El falangista que fundó la Agencia EFE

JOSÉ ANTONIO GIMÉNEZ ARNAU (José María García de Tuñón en Desde la Puerte del Sol)

Nació en Laredo, aunque muy pronto, por traslado de su padre, Enrique Giménez Grau, que era notario, se fue con toda la familia a la localidad de Valverde del Camino de la provincia de Huelva. Por esta razón, dice el propio Giménez Arnau, aprendió a hablar con acento andaluz. Y luego, en seguida, vino la hora de Zaragoza, la tierra de sus padres y de sus abuelos.



La vida le fue generosa. Estudió en la Universidad de Zaragoza y después en las de Colonia, Ginebra y Bolonia donde ganó el Premio Vittorio Emanuele III por su tesis doctoral sobre el tema Legitimidad del hijo nacido antes de los ciento ochenta días después del matrimonio. Antes, cuando estudiaba en la Universidad de Zaragoza, se solidarizó, junto con otros compañeros, con los alumnos de otras Universidades, que protestaban en contra del general Primo de Rivera que se había metido con los estudiantes. «En Zaragoza –dice– volcamos un tranvía y apedreamos a unos cuantos guardias municipales».
Profesionalmente fue Técnico Comercial del Estado y, por oposición, Diplomático. A ratos perdidos escribe mucho llegando a alcanzar el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nacional de Teatro. Pero antes de que llegaran estos premios y obtuviera las oposiciones citadas, vio por primera vez a José Antonio Primo de Rivera. El ambiente de la estación otoñal de 1933, era irrespirable. El presidente de la República, Alcalá-Zamora disuelve las Cortes y José Antonio Primo de Rivera, el 29 de octubre de ese otoño, celebra un mitin en Teatro de la Comedia. Allá va, Giménez-Arnau, con un grupo de amigos, a escuchar a ese «señorito», hijo de Miguel Primo de Rivera. «Cuando termina de hablar nadie de entre los presentes –convencidos o no– vuelve a llamarle señorito». Sus palabras habían calado muy profundamente en ese grupo de españoles.
Pocos meses después conoce personalmente a José Antonio. Fue en el Hotel Cristina de Madrid. «Confieso –dice Giménez-Arnau– que la impresión del hombre visto a un metro de distancia mitifica la que me había producido su voz el pasado 29 de octubre de 1933». A los pocos días, Giménez-Arnau se va destinado a Ginebra como Delegado Permanente de España para aprender y participar en el juego de la diplomacia multilateral. Allí conoce a Salvador de Madariaga que preside la Misión Española en la Sociedad de Naciones, cuyo secretario era Felipe Ximénez de Sandoval, convencido falangista que le descubre el mundo del grupo que obedece a José Antonio Primo de Rivera.
Al retornar a España, frecuenta al grupo de falangistas de Zaragoza y no puede simular su admiración por José Antonio Primo de Rivera donde es escuchado con respeto por los capitostes de los camisas azules. Presidía Falange en Aragón el médico Jesús Muro. Disponían de un pequeño local donde se reunían grupos procedentes de otras formaciones políticas. Algunos de ellos de la CNT, «agrupación por la que, quizá por mi raíz hispánica, tengo no escondida simpatía», dice Giménez-Arnau, quien días después se afilia a Falange. Recibe el carnet firmado por Ramiro Ledesma Ramos.
Un día le llega la noticia de que en Zaragoza desearía que hablase José Antonio Primo de Rivera. Ayuda a organizar la propaganda. Se discuten los oradores y se ve obligado a ir en el primer puesto, es decir, el de telonero. El mitin tiene lugar en el Frontón Cinema el 26 de enero de 1936. Cuando está en el uso de la palabra Ruiz de Alda un grupo de gentes de la CEDA trata de reventar la reunión. José Antonio coge el micrófono y dice: «Basta, repito ¡basta! ¡Tendría gracia que nuestros mítines, que son respetados por gentes que tienen la pistola pronta, viniesen a ser interrumpidos por los autorcillos de unos carteles electorales! Si el hecho se repite, ordeno al camarada masculino o femenino más próximo al interruptor que lo expulse a patadas». Cuando tomó la palabra José Antonio Primo de Rivera, terminó diciendo: «Pues para eso, para hacer una España única, grande y libre; una España que nos asegure la Patria, el pan y la justicia; para eso estamos aquí otra vez, aragoneses; para deciros que el peligro ha aumentado, que España se hunde, que la civilización cristiana se nos pierde. No para hacer lo que hacen los que ya en 1933 nos dijeron lo mismo e hicieron salir las monjas de sus conventos a votar, y ahora pronuncian los mismos gritos para pedirnos también el voto. Si España fuese un conjunto de cosas melancólicas, faltas de justicia y de aliento histórico, pediría que me extendieran la carta de ciudadano abisinio; yo no tendría nada que ver con esta España».
Ya en plena guerra civil, en San Sebastián, funda el periódico Unidad, «uno de los nombres que se barajaron cuando José Antonio quiso hacer el diario en Madrid». El primer número se publica el 16 de septiembre, tres días después de que las fuerzas del Ejército español entraran en la capital de Guipúzcoa. De allí recuerda a Eugenio Montes, Agustín Aznar, Alcázar de Velasco, Palma de Plata de Falange, Manuel Fernández-Cuesta, que más tarde fundará con enorme éxito, que aún sigue, el periódico Marca.
Un día, por la radio, se entera de que han fusilado a José Antonio: «Salgo a la calle y ando mucho, ando largamente. Presumo que habrá gentes que negarán el hecho, como efectivamente va a ocurrir. El chirimiri se mezcla con mis lágrimas. No pienso que tengo dos hermanos a los que pudiera caberles el mismo destino. Y al llegar a casa rebusco una copia de un documento redactado en la cárcel por José Antonio Primo de Rivera que explica, con todo laconismo una lección de hombría: ¡Arriba España! ¡Arriba España! ¡Arriba España! Solamente eso».
Fue Francisco Bravo –el que dos años antes había presentado a José Antonio al poeta, antes que nada, Miguel de Unamuno–, quien le informa del Decreto de Unificación, en el que aparentemente se ofrecía la Secretaría General de la nueva formación, a Manuel Hedilla, y la negativa de éste a aceptarla. Consecuentemente, todo el «hellidismo» fue detenido. Va entonces en busca de Dionisio Ridruejo, de quien era muy amigo, y le pregunta: «Dionisio, ¿qué demonio está pasando?». «Pues no preguntas tú nada. ¡Eso quisiéramos saber todos!». Y lo cierto es que nunca se supo. José Antonio Giménez-Arnau, falleció en Madrid el 27 de enero de 1985, siendo incinerado y enterrado en el Cementerio de La Almudena. Posteriormente sus cenizas fueron trasladadas a Zaragoza.

Consulta la galería de joseantonianos ilustreshttp://www.fundacionjoseantonio.es/joseantonianos-ilustres


domingo, 24 de junio de 2018

TORCUATO FERNÁNDEZ-MIRANDA (José María García de Tuñón en el número 69 de Desde la puerta del Sol. 22 de junio de 2018)

Fue el que un día dijo que «José Antonio no fue un mártir inútil». Sin embargo, de este político que nació en Gijón en noviembre de 1915, en unas declaraciones que al diario La Nueva España hizo su mujer, Carmen Lozana, hace algunos años, ésta declaró que su marido «nunca fue falangista». Y añadía a continuación: «Yo nunca lo conocí de camisa azul».
Vamos a ver si podemos dejar en su lugar la historia de quien fue ministro secretario del Movimiento. Es posible que nunca fuera falangista si así lo dice su mujer, pero su currículo fue el que fue y nadie puede negar que el nombre del fundador de Falange lo utilizó en su beneficio político cuantas veces quiso o pudo. Aunque es cierto que de estudiante, antes de la guerra, estuvo afiliado a la CEDA, no es menos cierto que en el curso 1939-40 fue designado delegado del SEU de la Facultad de Derecho de Oviedo. En octubre de 1952, la prensa asturiana, dice: «En la mañana de ayer, sábado, y en el despacho oficial, el jefe provincial de FET y de las JONS, camarada Francisco Labadíe Otermín, ha dado posesión al camarada Torcuato Fernández-Miranda, del cargo de delegado provincial de Educación Nacional de FET y de las JONS…».



El 29 de octubre de 1970, con la presencia de Franco y el príncipe Juan Carlos, tuvo lugar un acto conmemorativo del aniversario del discurso fundacional pronunciado por José Antonio, y la prensa recogió las palabras que ese día dijo Fernández-Miranda:

José Antonio tuvo clara conciencia de la situación que le tocó vivir. Compendió de modo radical que un pueblo solo puede comprender encontrar su forma histórica si alcanza un estado que sea el instrumento eficaz y operativo de la sociedad política, de la comunidad nacional a que sirve. Tarea imposible en una sociedad sustancialmente dividida. Comprendió que la feroz división extremista entre derechas e izquierdas no era más que la expresión superficial de un más profundo problema.
José Antonio no empleó el concepto progreso porque era entonces término hecho inservible por el tópico. Pero en los términos de empresa, dinamismo histórico, acción creadora, orden nuevo, está recogida esa concepción a la que nos hemos referido. Él se negó rotundamente a formular programas. Sus palabras no pueden entenderse como programas, sino como esclarecimientos de una actitud…

El 23 de junio de 1973, tuvo lugar en Guadalajara la inauguración de un monumento a José Antonio Primo de Rivera. Entonces era Fernández-Miranda vicepresidente del Gobierno y pronunció un largo discurso que daba comienzo con estas palabras:

Venimos aquí, con sencillez y alegría a encontrarnos, una vez más con el recuerdo de José Antonio. Venimos a honrarle, a revivir aquella impaciencia de justicia que atravesaba su vida, su pensamiento y su doctrina, y que hizo de él la más alta cumbre de una juventud anhelante y ardorosa al servicio de España. Aquí está la imagen de José Antonio, en piedra y bronce, como una afirmación perenne. Pero el ser y significado de José Antonio nada tiene que ver con la piedra y el bronce. José Antonio fue, ante todo, vida, y vida sigue siendo.
José Antonio que maduró pronto para la vida y para la muerte, como una semilla, era un gran proyecto en marcha, era un puro avance. En su capacidad de proyectar y de avanzar se basaron sus ideas de renovación humana, moral, social y política. El pensamiento de José Antonio no es para contemplarlo helado en el recuerdo, como una forma abstracta e inmóvil, sino como una inacabable reflexión vital y actualizadora, como una corriente de existencia y de conciencia, como un impulso constante de modernidad… Pero ahí no acaba todo. José Antonio no fue un mártir inútil. José Antonio sigue siendo la llamada viva a un modo esencial de servir a España. Ese es el José Antonio que nos importa, el José Antonio que amamos…
Hoy aquí visto nuevamente mi entrañable camisa azul, porque rindo homenaje al hombre que configuró mi pensamiento político en los años de juventud…



Fernandez Miranda, con camisa azul, en un acto con Franco y el príncipe Juan Carlos

En cuanto a la referencia de doña Carmen Lozana de que nunca conoció a su marido de camisa azul, es muy extraño después de las palabras que acabamos de reproducir. En este artículo también podemos contemplar a Fernández-Miranda con su camisa azul (en una imagen muy mala, pero en la que se aprecia claramente lo que digo). Incluso reproducimos la portada del opúsculo, editado por Ediciones del Movimiento, del discurso en Guadalajara donde, como ya hemos citado, dice muy claro, permítaseme lo repita: «Hoy aquí visto nuevamente mi entrañable camisa azul…»: Bien es cierto que cuando tomó posesión como Ministro Secretario General del Movimiento, año 1969, juro su cargo con camisa blanca, algo que sorprendió a muchos. Pero él mismo en unas declaraciones que hizo al diario YA, sobre el por qué juró con camisa blanca, dice: «No se trata de repetir miméticamente lo que José Antonio hizo, sino plantearse en cada caso qué haría hoy José Antonio. Yo tengo la humilde petulancia de creer que del modo mejor y más garboso José Antonio, en la toma de posesión de la Secretaría General, en el año 1969, hubiera adoptado el gesto que yo adopté».






La siguiente fotografía, tomada de la hemeroteca del diario ABC muestra a Fernández-Miranda con la camisa azul falangista.



Torcuato Fernández-Miranda murió silenciosamente en Londres el 19 de junio de 1980. Tan silenciosamente como había vivido en los últimos tiempos en que se había marginado de la actividad pública de la que, en tiempos no tan lejanos, había sido actor importante de la política española.

sábado, 2 de junio de 2018

EL ESTUDIO DE MANUEL SACRISTÁN ACERCA DE FALANGE (José Ignacio Moreno Gómez)

(Artículo tomado del número 63 de "Desde la Puerta del Sol").

Manuel Sacristán y Luzón fue un destacado filósofo español que, procedente de una adscripción al falangismo de izquierdas, evolucionó hacia una interpretación personal del marxismo. Buen conocedor de la obra de Ortega y Gasset y profundo estudioso del marxismo, participó en numerosas revistas intelectuales españolas, como Estilo, Quadrante (revistas del falangista-franquista SEU) o los Quaderns de Cultura Catalana del comunista PSUC.



(Redacción de Mientras Tanto con Manuel Sebastián segundo a la derecha)

Hasta su fallecimiento en Barcelona el 27 de agosto de 19851 a la edad de 59 años, Manuel Sacristán desarrolló una intensa actividad intelectual y de lucha política convirtiéndose sin lugar a duda en unos de los filósofos políticos españoles más destacados del siglo XX2. Es por ello que resulta interesante conocer su juicio sobre el nacionalsindicalismo joseantoniano, extraído de un texto inédito que debía formar parte de Enciclopedia Política Argos y que se recoge en un libro publicado por Trotta en 2007 titulado Lecturas de Filosofía Moderna y Contemporánea. Aclaramos que dicho juicio, que a continuación exponemos, fue escrito por Sacristán en una época temprana, allá por el año 1952, pero no tenemos noticias de que rectificase posteriormente las valoraciones que aquí se detallan, aún cuando su pensamiento y posición política evolucionaran notablemente.
Destaca como elementos de la teoría política general de José Antonio Primo de Rivera:
1. Crítica del liberalismo. La sitúa Sacristán como una crítica situada en la misma línea de las críticas socialistas, aunque, como rasgo propio, señala su especial y elegante ajuste de expresión. Se indica la valoración positiva del líder falangista de aquella primera época en la que esta doctrina consigue, sin posibilidad de marcha atrás, su gran conquista: instalar a todos los hombres en igualdad ante la ley. Sin embargo, el liberalismo es criticable por cuanto el Estado liberal-democrático que de él se deriva, constituye una burla para los infortunados, especialmente para los obreros aislados que, titulares de todos los derechos en el papel, tienen
que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que les impone el capitalista, por duras que sean. Se critica al Estado del laissez faire, incapaz de garantizar una libertad real del hombre, sobre todo del hombre humilde, al que se reconocen multitud de libertades formales.
2. Crítica del marxismo. Destaca también el filósofo Manuel Sacristán cómo Primo de Rivera comienza por reconocer los méritos y aciertos del marxismo. Reconoce el falangista
incluso el valor científico de Marx, y acepta sin vacilaciones el
núcleo de ese marxismo científico, esto es, la ley de aglomeración (sic) o acumulación del capital, «aunque algunos afirmen que no se han cumplido». Para ello se fija en los trusts y en los grandes almacenes de precio único que se pueden permitir el lujo de vender a tipos de dumping, de modo que los pequeños comerciantes no pueden competir.
Pero, siguiendo a Sacristán, Primo no sólo acepta la crítica científica marxista, sino que también acepta el punto de partida del marxismo militante, esto es, que «la propiedad, tal como la concebíamos hasta ahora, toca a su fin; y que en el comunismo hay algo que puede ser recogido: su abnegación, su sentido de solidaridad» («España y la barbarie». Conferencia de José Antonio en Valladolid. 1935).
Para Sacristán, el antimarxismo joseantoniano no es político-económico, sino histórico-moral: critica la visión materialista de la vida y de la historia de la revolución socialista, la agrupación de los hombres por clases, eliminando sus vínculos en la patria común. Le parece absolutamente rechazable la substitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado, que no solo regula nuestro trabajo, como en un hormiguero, sino que regula también, implacablemente, nuestro descanso («El bolchevismo». Artículo en ABC, 1935).
En definitiva, José Antonio Primo de Rivera, considera que la revolución marxista bolchevique atenta contra valores esenciales de la civilización cristiana occidental, que nos resistimos a dar por caducada.


(Viñeta de Manuel Sacristán)

3. Fundamentos de una nueva doctrina política. Rechazadas las soluciones liberal y marxista, ninguna otra parece al fundador de la Falange digna de la más breve crítica. De los Estados totalitarios nazi y fascista dice que no existen como tales, pues no son sino la sustitución del Estado por la genialidad de un dictador. Además, el totalitarismo es lo más opuesto a la estructuración de un estado institucional nuevo como el que él propugna. Este estado, cuya forma de gobierno no preocupa al falangista, aunque se decante por la forma republicana, ha de tener las siguientes bases:
a) Concepto del hombre. El individuo es la unidad fundamental, entendido como persona portadora de valores eternos. Este arrancar del individuo, lleva a una noción de convivencia política ajena a la del régimen de partidos. En la noción de individuo están puestas las bases del sindicalismo falangista, que se estructura dando primacía a las unidades donde el individuo, de forma natural, desarrolla su actividad y donde se depositan todos los valores e instrumentos que necesita la persona para alcanzar libremente su destino personal en relación con las otras personas: la familia en la que vivimos, el municipio del que somos vecinos y el sindicato en el que nos afanamos en el ejercicio de un trabajo (el sindicato es algo más que un órgano de defensa frente a los abusos del capital).
b) Concepto de libertad. Según Sacristán, está construido sobre el pensamiento católico y con ausencia completa de toda consideración filosófica. Se antepone la creencia religiosa y se añaden, luego, consideraciones políticas. Manuel Sacristán encuentra en estas
consideraciones políticas prácticas ciertas resonancias fitcheanas. Sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le considera portador de valores eternos, con un alma con capacidad para condenarse o para salvarse. En la práctica, la libertad no existe, como un absoluto desligado de cualquier otra consideración, sino dentro de un orden.
c) Conceptos económicos. Es necesaria una transformación de la forma jurídica de la propiedad, pero sostiene el falangista la legitimidad de la propiedad privada. Si bien,
se trata de una forma de propiedad no
capitalista que tiene el mismo título de legitimidad que el trabajo: esto es, el trabajo es una función humana y la propiedad es un atributo humano.
Esta forma de propiedad no capitalista, que incluye la propiedad individual, la propiedad comunal y la propiedad sindical, da lugar a un sindicalismo particular donde no hay una representación patronal y una representación obrera, ni mucho menos, una representación
Redacción de Mientras Tanto con Manuel Sebastián segundo a la derecha
mixta (como en el fascismo), sino que todos los que colaboran en la empresa para la producción, funden sus intereses para la defensa de la industria en cuestión frente a la absorción capitalista.
d) Concepto del Estado. Es netamente antifascista, pues la divinización del Estado es cabalmente lo contrario de lo que nosotros apetecemos. El Estado solo justifica su conducta, al igual que los individuos o las clases, cuando se amolda a una norma permanente, cuando se siente ejecutor del destino de un pueblo al que sirve como instrumento para alcanzar la felicidad de sus miembros. Si no el Estado es tiránico. El Estado es fuerte, sin ser tiránico, cuando sirve a una unidad de destino, cuando sirve a la conciencia de la unidad de la que emana, como garantía de la libertad del individuo.
Es un instrumento totalitario (¡ojo! esta palabra tiene connotaciones contradictorias con lo que en la doctrina falangista viene a significar). Este concepto tiene que ver con el ideal sindicalista de una estructuración total de la economía: la economía de un país es tarea de todos y ha de estar al servicio de todos, no de una clase ni de unos cuantos privilegiados. Al mismo tiempo, señala Sacristán, la palabra totalitario hace referencia a la creencia en la sustantividad de la Patria (integradora y armonizadora de todas las aspiraciones de los individuos y con un destino que es común a todos ellos).
También el dirigente de la anarquista FAI, Diego Abad de Santillán, viene a decir que:
«Pero la revolución, si es verdadera, no es nunca unilateral. Es un proceso totalitario que lo abarca todo y que lo conmueve todo»3.
Comenta, finalmente, Sacristán la teoría política española acerca de la Patria, que influyen directamente en la teoría política antes comentada. La teoría joseantoniana de la Patria tiene el sello imborrable de Ortega y Gasset: Según nuestro filósofo, la unidad de destino en lo universal de Primo de Rivera es una mistificación (de místico), que no mixtificación, del orteguiano proyecto sugestivo de vida en común. Esta unidad, apunta Manuel Sacristán, es contraria a la mística patriótica nacionalsocialista, pues se define por valores morales y religiosos, si bien imprecisos, pero no por valores terrenales.
4. La Revolución y el estilo. La revolución es para el falangista una necesidad política e histórica. Una exigencia de la situación social de Europa y una necesidad de que el pueblo no pierda su forma histórica. La revolución postula, con el final de un periodo de decadencia, la renovación de la vida y un nuevo estilo de ser de hombre. Dicho estilo es el mismo que pregona Miguel de Unamuno en su Vida de don Quijote y Sancho.

Notas:

1 SACRISTÁN, MANUEL: Lecturas de filosofía moderna y contemporánea. El pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera. Edición de Albert Domingo Curto. Editorial Trotta,
2 Wikipedia.

sábado, 24 de febrero de 2018

LOS SOCIALISTAS QUIEREN DECIDIR LA HISTORIA José María García de Tuñón (*)

En nombre del Grupo Parlamentario Socialista me dirijo a esa Mesa para, al amparo de lo establecido en el artículo 124 y siguientes del vigente Reglamento del Congreso de los Diputados, presentar la siguiente Proposición de Ley para la reforma de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura». De esta manera. Margarita Robles Fernández, portavoz de los socialistas, se dirigía al Congreso.



A continuación exponía los motivos que, a través de los mismos, los socialistas están dispuestos, cueste lo que cueste, a decidir su propia Historia, la Historia de España que es de todos los españoles. Pero son tantos los motivos que estos falsos y fraudulentos historiadores se les han ocurrido, que para repetirlos todos necesitaríamos un número especial y esto no es posible. De momento, trascribimos alguno de ellos: «La presente ley de reforma igualmente modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, introduciendo un nuevo artículo 510 bis que incluye diversos tipos penales dirigidos al castigo de las manifestaciones de odio contra víctimas del franquismo y de la Guerra Civil Española, el enaltecimiento del franquismo, así como la necesidad en democracia, de la ¡legalización de asociaciones o fundaciones que, con la justificación de fines sociales, realizan actos de exaltación franquista. También se recoge un nuevo artículo 320 bis dirigido a castigar a las autoridades y funcionarios públicos que incumplan esta ley o se nieguen a aplicarla. Para ello se sigue el esquema y las conductas típicas ya existentes en los artículos 320, 322 y 329 del Código Penal. Aunque el espíritu de la Ley de Memoria se basa en unos principios humanitarios, el tiempo ha demostrado la necesidad de introducir sanciones y plazos contra todos aquellos que, aún tras 40 años de democracia, no han asumido su deber de cumplimiento con las leyes y la Memoria Histórica».



No faltó, entonces, quien le preguntara al funesto y demagogo secretario del PSOE: «A ver, Sánchez, ¿propondrías que me multaran o me metieran en la cárcel si pongo una placa en la puerta de la casa de mi abuelo recordando que fue secuestrado y asesinado por milicianos anarquistas en el año 1938? No es una pregunta retórica, responde a la realidad histórica». Quien esto escribía, hace pocos días, en el diario ABC, es el periodista Carlos Herrera. A mí también me hizo recordar lo ocurrido con un pariente muy cercano que fue asesinado, mientras la Policía de la idílica República miraba para otro lado, el 21 de agosto de 1936, en Madrid, en las tapias del cementerio del Este. Su única falta era ser diputado de la CEDA. Después, también se lo pagaron con borrar su nombre de una de las calles de Mieres (Asturias) y de embadurnar el monumento, –que aún existe, no sabemos hasta cuándo–, que ilustra este artículo, donde se podría leer su nombre junto con otros muchos asesinados, que habían sido profesores o alumnos de la Universidad de Oviedo. La misma que volaron en el golpe de Estado que los socialistas dieron, sin conseguir salir victoriosos, en octubre del 34, y a cuyos principales cabecillas, Indalecio Prieto y Largo Caballero, les han levantado sendas estatuas en Madrid.


(Indalecio Prieto)


Otra de las cosas que vuelven a pedir estos indocumentados es la concesión de la nacionalidad española a los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales. Con el fin de hacer efectivo el derecho que reconoció el Real Decreto 39/1996, de 19 de enero, a los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales que participaron en la Guerra Civil de 1936 a 1939. Dicen ahora que no les será de aplicación la exigencia de renuncia a su anterior nacionalidad. Pero según la prensa, en el año 2009 publicaba que siete brigadistas recibieron de la mano del embajador español en Londres sus pasaportes españoles, en virtud de la Ley de la Memoria Histórica, que concede la nacionalidad por carta de naturaleza sin tener que renunciar a la suya propia. «Hemos tardado pero ahora hemos llegado a casa», aseguró Sam Lesser, de 94 años, brigadista internacional que combatió en la Ciudad Universitaria de Madrid. «Vuestra lucha no fue en vano», dijo el embajador español en Londres, en la época de Rodríguez Zapatero, Carlos Casajuana, quien también añadió: «Vuestros ideales forma parte de la fundación de nuestra democracia». Bien, independientemente de que es muy difícil comprender que se les conceda tal honor a quien ha venido a nuestra Patria a matar españoles, conviene recordar ahora aquellas palabras que Jacinto Benavente publicó en el diario La Vanguardia Española de Barcelona: «Acordaos del desfilar insolente de las brigadas internacionales, el desecho y la hez de toda la criminalidad del mundo, presidiarios indultados a condición de venir a combatir contra España». Desde luego, las palabras del embajador, de ser ciertas, al menos así las ha recogido el diario El País, son para enmarcarlas en un cuadro porque todos los historiadores de todos los signos –incluso los soviéticos o prosoviéticos– aceptan hoy la tesis formulada por el norteamericano David T. Cattell, cuando escribió en su libro Communism and the Spanish Civil War, que las Brigadas Internacionales fueron una fuerza soviética en España. Y claro, había entonces que preguntar al embajador: ¿Cuándo los ideales soviéticos formaron parte de alguna democracia?

(*) Historiador y presidente de la Fundación José Antonio Primo de Rivera. Artículo publicado originalmente
en "Desde la Puerta de El Sol"

domingo, 4 de febrero de 2018

..."Y VOLVIERON A FUSILARLOS"...

( EN RECUERDO DE LA HEROICA FALANGE  DE CALLOSA)

Esta semana el alcalde socialista del pueblo alicantino de Callosa del Segura, Fran Macíá, con la complicidad del Partido Popular, ordeno la retirada de la Cruz de los Caídos dónde estaban grabados los nombres de los falangistas asesinados en el año 1936.

Allí figuraba el nombre del Jefe Provincial de la Falange de Alicante, José María Macía,el del Secretario Provincial Arturo Estan, el delegado de la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS) Francisco Porras y otros muchos más.


(Falangistas supervivientes de Callosa de Segura. Archivo de Juan Manuel Cepeda)


La Falange de Alicante tenía su cabecera y sede en la localidad de "Callosa del Segura" y además tenía 37 agrupaciones pequeñas (denominadas JONS) en distintas localidades,entre otras Crevillente, Onteniente, Novelda Torrevieja, Orihuela Rafal, Alcoy, Elda, Mundamiento ...

El 19 de julio de 1936 se dio la orden de que todos los falangistas de Alicante se unieran en columnas y fueran a la capital, entrarán en el Cuartel de Benalúa, donde serían armados y luego fueran a liberar al Jefe Nacional José Antonio Primo de Rivera, que se encontraba preso en la cárcel Modelo de Alicante, junto con el Jefe Provincial José María Macía y otros camaradas.

En la finca La Torreta próxima a Callosa ya se habían reunido y preparado más de 80 falangistas y entonces "Tono Macia" ( hermano del Jefe provincial) se acercó hasta la cárcel de Alicante donde contacto con su hermano y recibió la orden de dirigirse a Alicante con todos los falangistas.

Se pusieron en marcha en varios camiones y coches particulares y al llegar al paraje denominado "los 12 puentes". Uno de los camiones se averió, decidieron esperar para arreglarlo mientras "Tono Macia" con Pelayo Zaragoza se adelantaron al Cuartel de Benalúa. Allí incomprensiblemente el Ejército no les dejó entrar y les ordenaron que se diesen media vuelta. El general García Aldave se había rajado.

Mientras tanto, un fuerte contingente de Guardias de Asalto y milicianos atacaron la columna de falangistas que se encontraba parada. Estos a pesar de casi no llevar armamento se defiendieron valientemente, sufriendo varias bajas.

Fueron detenidos 54 camaradas y el resto logró escapar a pie. Al finalizar la guerra se encontraron los cadáveres de dos falangistas que habían muerto de hambre y frío en la sierra.

Los detenidos fueron juzgados, precisamente en el Cuartel de Benalúa, y de los 54 fueron fusilados 52 el 12  de septiembre, los dos supervivientes eran menores de edad. El 29 de noviembre fueron igualmente fusilados en las tapias del cementerio de Alicante José María Macía, Jefe Provincial y otros falangistas más, entre los que se encontraban Antonio de Pinies Roca de Togores, que era el Jefe de Orihuela y los hermanos Soto Chapuli.

De la heroica Falange de Callosa lograron sobrevivir, entre otros, los hermanos Torres, Barberá, Salinas, Zaragoza, Galiana, Ballester, Bernabéu, Bañón,Navarro, Hidalgo, Serna, Grau, Benavente, Manresa, Gilabert, y Girona.

A todos los heroicos Caídos de la Falange Alicantina:


¡¡¡¡ PRESENTES ¡¡¡¡

(Tomado de Memoria Azul)

FALLECE FRANCISCO MARTÍN CASTILLO, DESTACADO FALANGISTA DURANTE LA TRANSICIÓN



A los 65 años ha fallecido Francisco Martín Castillo, Caco, uno de los referentes falangistas durante los convulsos años de la última transición política. Nació en Granada. Vivió su infancia y adolescencia en varios países de Africa central y en Adra (Almería). Estudió Bachiller en el Instituto Ramiro de Maeztu; Medicina y Educación Física en Madrid; cursó estudios de Estadística y Biología. Teniente de Complemento del Ejército del Aire (octava promoción de IMEC-EA). Gran amante del deporte, se desplazaba habitualmente en bicicleta, con la que recorrió buena parte de España, durmiendo con ella de dura almohada. Practicó paracaidismo y, en grado avanzado, aikido. Amaba la montaña, de la que hizo su herramienta de fisioterapia a raíz de un gravísimo atropello ¿fortuito o intencionado? ; su recuperación consistió en recorrer el GR (camino de gran recorrido de los Pirineos). Su trayectoria profesional fue muy variada, cubriendo diferentes áreas de la Medicina especialmente Urgencias. Fue feliz dando clase de Educación Física en el seminario San Dámaso de Madrid. Su pasión fue España, a la que sirvió toda la vida desde su exigente perspectiva falangista iniciada como flecha naval. Perteneció a diferentes organizaciones  falangistas reivindicando el auténtico espíritu y mensaje Nacionalsindicalista frente al espurio del Movimiento Nacional. Fue fundador de las Juntas de Oposición Falangista (JOF) a principios de los setenta, organización luego integrada en Falange Española de las JONS Auténtica (La Auténtica). Ha permanecido fiel a sus principios hasta su último momento por eso su mortaja ha sido su camisa azul y las cinco rosas a sus pies. Vivió sus últimos años haciendo honor a la exigencia que impone la dificultad de ser cristiano; su Confirmación fue espejo de su fidelidad por eso ha llegado al Padre Eterno con su escapulario al cuello. Deja viuda, dos hijos extraordinarios y a sus camaradas cara al nuevo Lucero que eclipsa al viejo Sol.

¡PRESENTE!

domingo, 31 de diciembre de 2017

LA VICTORIA CON BOTAS (Enrique de Aguinaga. Abril de 1950)


Cuando aun no se han cumplido los dieciséis años -dieciséis años castos, todo lo serios que permite la adolescencia, comprometidos en la prematura dificultad y sin regalos familiares a cambio de las matriculas de honor del Instituto-, uno tiene derecho a imaginarse a la Victoria con botas. Soy de la quinta del 44. Un martes -lo sé por esa intima tradición casera que administran las madres- llegué a mi familia con las primeras noticias de la implantación del Gobierno del general Primo de Rivera. Un martes -lo sé gracias al ingenio del calendario perpetuo de mi agenda de bolsillo -nos llegó a todos la primera certidumbre de la paz al mismo tiempo que una juventud, la juventud que ronda la quinta del 44, nacía "tabula rasa" para la Patria. Era el 28 de marzo de 1939. Por fin Madrid había caído.

Todavía los que desde Barcelona, a titulo de "evacuados” contemplábamos la Victoria, no habíamos entrado de lleno en la nueva terminología de liberados y liberadores. Apenas habíamos tenido tiempo de aprender el "Cara al Sol" y poner en orden la tremenda gramática de la lucha civil. Sin embargo, lo más seguro es que aquella mañana del martes primaveral, de mi primavera número uno, yo andaba por los caminos del parque de la Ciudadela, no detrás de una mariposa o de un nido de gorriones, sino entre un chico de Chamberí y otro de Cuatro Caminos marcando el paso de instrucción de las anticipadas OO. JJ. (organizaciones juveniles) madrileñas, poniendo en un grito nuestros discretos zapatos de hijos de la clase media.


(Parque de la Ciudadela, Barcelona)


 Nos habían prometido botas, habían prometido llevarnos a Madrid en cuanto Madrid cayese, como unos decían, o se liberase, como decían otros. Por eso la Victoria, entre variaciones, medias vueltas, vistas a la derecha, altos y "en su lugar descanso", entre el polvo de los caminos de la Ciudadela, se nos aparecía sin figura, pero con unas botas flamantes, con la dulce música de las tachuelas, con el maravilloso olor del cuero engrasado. Nosotros veíamos a la Victoria con botas nuevas, botas de marcha alegre y pacífica, botas recién estrenadas, mientras el suelo de España retumbaba al paso de las botas veteranas, curtidas, gastadas de tanta caminata victoriosa, de tanta triste retirada. Estábamos sencillamente contentos, como chicos con calzado nuevo.

A los quince años no se es nada; se vive de ilusiones elementales, de familiares sugestiones, de breves herencias, del sueldo dominical y de pan con chocolate. Íntimamente sólo teníamos entonces una convicción de importancia. En las paredes quedaban todavía los jirones de un cartel acusador: "¿Y tú, qué has fet per guañar la guerra?"'  No habíamos hecho nada, absolutamente nada. Pero ahora podemos decir que tampoco hicimos nada, absolutamente nada, para que la guerra se perdiese.

Ni liberados ni liberadores, ni vencedores ni vencidos, ni soldados ni cautivos, ni héroes ni cobardes, ni tontos ni listos; sin uniforme, con nuestros trajecillos de diario, íbamos y veníamos por la Ciudadela cantando –“Prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras van... "-, soñando con las botas nuevas y procurando entender aquellas estrofas tan nuevas como las botas que aun no habíamos estrenado: "... ya han florecido, rojas y frescas, las rosas de mi  haz”, “... la vida a España dieron al morir; hoy, grande y libre, nace para mi”.

Algo nacía para nosotros, para aquella risueña pandilla de "evacuados", colocados por estaturas; o ¿éramos nosotros mismos los que nacíamos entonces sin pena ni gloria para recibir el magnífico regalo preparado con tanta pena y con tanta gloria por nuestros hermanos mayores? Nuestros hermanos mayores. Casi, todos contábamos con ellos. Era importante tener hermanos mayores. Va a parecer una mentira infantil o una mentira literaria; pero he de decir que yo tengo dos hermanos con lo menos diez quintas de ventaja. Entonces sólo hablaba del de la 105 División, del que estuvo mirando Madrid por las troneras de la Ciudad Universitaria, del alférez de Teruel y del Ebro. Me callaba el "del otro lado", el del frente de Asturias. Ya entendía las cosas con alguna suficiencia para darme cuenta de que la explicación geográfica de la guerra no lo explicaba todo. Que debía respetar de algún modo especial a aquellos chicos que, en vez de hermanos mayores, tenían un brazalete negro en la chaquetilla escolar. Que muchos hermanos mayores habían muerto con las botas puestas. Y que los chicos de España teníamos que empezar a presumir de botas nuevas y de hermanos mayores de otra manera más importante que la tradicional. Había que empezar en serio, a toda prisa, porque ya estábamos entendiendo que aquel "¿Y tú qué has hecho?” que entonces no iba con nosotros, al pasar tiempo podría convertirse en la más grave acusación para nuestra conciencia. ¿Veis por qué necesitábamos urgentemente las botas nuevas de la Victoria?


(Enrique, Álvaro y Vicente de Aguinaga en 1953)


Han pasado once años. El tiempo no da tregua. Para la juventud que estrenó las botas de la Victoria el "¿Y tú que has hecho?" resulta cada vez más importante. Hay que hacer en el taller, en la Universidad,  en las Leyes, en el deporte, en los campos agrícolas, en los astilleros, en las fábricas, en los laboratorios, en la Literatura, en el Arte, en los Sindicatos, en las costumbres, en la Milicia, en la Técnica, en la Política, en la Ciencia, en la Diplomacia, en las provincias y en Madrid, en la Administración, en el Amor. Nuestra juventud tiene que hacer en toda la anchura de la Patria. ¿Seremos capaces de olvidar la primavera número uno? "... hoy, grande y libre, nace para mi". Nació para nosotros, para los que entonces teníamos la flor de los quince años.

Para nuestros hermanos mayores el viejo cartel es menos agresivo cada día. Unos lo hicieron todo, definitivamente todo. Otros, los de buena voluntad, cada cual a su manera, hicieron lo suyo. Y siguen en la brecha, esperándonos. La Patria es, como sabéis, una familia con dos hermanos mayores y uno pequeño. Y, como ocurre en los cuentos, el hermano menor es el que tiene la estrella de la fortuna, el que ha de darles a todos la Victoria completa por la que tanto se esforzaron. Y yo digo: los hermanos pequeños hemos roto muchas botas por esos campos y esos montes de España en los que el Frente de Juventudes nos ha hecho hombres; pero las botas de la Victoria siguen fuertes y enteras, con la dulce música de las tachuelas, con el maravilloso olor del cuero engrasado.


 Artículo publicado en el diario Arriba el 1 de Abril de 1950.

Nota del autor reproducida en sus tarjetas de felicitación navideñas de cada año: Álvaro y Vicente de Aguinaga combatieron en la Guerra Civil, enfrentados, como alférez provisional y capitán de milicias, respectivamente, en el mismo frente galaico-astur. Terminada la Guerra, Álvaro siguió la carrera militar. Terminada la batalla del Norte, Vicente fue prisionero, condenado a reclusión perpetua, conmutada por tres años de prisión menor, que se cumplieron en 1943. Circunstancias providenciales determinaron no sólo que los restos de ambos hermanos estén enterrados en el mismo nicho del cementerio de Ceares (Gijón), sino, también, reducidos en una misma caja donde se confunden en símbolo familiar de reconciliación familiar.

Texto por cortesía de Emilio Álvarez.