viernes, 9 de diciembre de 2011

Presentado 'Palabras en Azul; Aportes para un diccionario Falangista' (Ed. Barbarroja)

En la tarde del día 1 de diciembre se presentó en la sede nacional de la Hermandad de la Vieja Guardia de Falange un nuevo libro editado por Ediciones Barbarroja. Se trata de Palabras en Azul; Aportes para un diccionario Falangista de Mª del Pilar Amparo Pérez García.


(Mª del Pilar firmando ejemplares)
Su autora, jovencisima historiadora y escritora, cuenta ya con una prolífica obra publicada.
Introdujo el acto a modo de moderador, William Martín Morales con unas breves palabras de bienvenida. A continuación Enrique Uribe Lacalle de la editora del libro tomó la palabra para realizar una sencilla pero emotiva semblanza de la autora.


(De izquierda a derecha, Martín Morales, la autora y Enrique Uribe)

Finalmente Mª del Pilar se dirigió a las personas que llenaban el salón de la Vieja Guardia hablando de la importancia de honrar a los falangistas de primera hora encabezados por José Antonio finalizando con un diagnóstico de los diferentes problemas que asolan a la sociedad española, sobre todo a la juventud.



(Crónica a partir de un texto de D. José Alfredo García Fernández del Viso)

El José Antonio de Zavala (por Kiko Méndez Monasterio en La Gaceta 2-12-11)


(El autor del artículo, Kiko Méndez)

Al principio fue un chaval de treinta años defendiendo contra todos la memoria digna de su padre.
·       Al final, o sea ahora, es un proscrito del pensamiento y de la historia, y su tumba el objeto de debate de unos expertos grises que discuten si es conveniente profanarla.
Entre lo uno y lo otro, José Antonio Primo de Rivera ha sido en España casi todo: brillante diputado, capitán de juventudes, la portada de esos libros de FEN, y más que nada poesía, versos que prometían primaveras sonrientes en un siglo que era invierno, y que sólo torcía el gesto para esbozar muecas de odio o de desprecio. Resulta imprescindible tanto para la parafernalia de un régimen como para entender literatura grandísima del ayer - Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Sánchez Silva, Rafael Sánchez Mazas, García Serrano...- y hasta es el protagonista de un soneto escondido del mayor de los Machado.
José Antonio ha sido mito, excusa, ausencia, estilo, sangre, quizá un peso excesivo para un hombre al que sólo dejaron vivir treinta y tres años, porque también fue involuntario mártir de una cruzada que ya no es cruzada, sólo guerra fraticida ahora que el embalaje de su pensamiento y su obra se ha quedado en el lado demonizado de la historia, al menos de esta historia pueril y maniquea construida por el complejo, la ideología y la ignorancia.
Con todo, todavía inspira sana curiosidad ese joven marqués al que los terratenientes llamaban bolchevique y que fusilaron los socialistas. Por eso es pertinente el último título de José María Zavala “La pasión de José Antonio”, un libro que sirve para profundizar, recordar o descubrir a una figura tan utilizada como incomprendida. Zavala merece la pena porque es toda una referencia en la divulgación histórica, y ha sabido acercarse al personaje con una rarísima higiene intelectual, que sobresale entre tantos oportunistas de la memoria, esos que se disputan los restos desabridos de un banquete sucio.

domingo, 4 de diciembre de 2011

“José Antonio es un personaje molesto” por Carmelo López-Arias


  • (Artículo publicado en La Gaceta el 11-11-2011)
    El 20-N se cumplen 75 años del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), fundador de Falange Española. José María Zavala ha acudido a los últimos testigos cualificados de tres momentos clave de su vida: el amor, la pérdida de libertad, la ejecución. Completa así en La pasión de José Antonio (Plaza & Janés) un acabado retrato de su personalidad, tan subyugante como su figura política.
    (José María Zavala en una fotografía de 20 minutos)

  • -¿Realmente interesa hoy José Antonio?
    -Sí, se convirtió en un mito y sigue siéndolo. Es todavía el Ausente. Despertó simpatías a derecha e izquierda como un hombre que supo vivir y morir por un ideal.
    -¿Qué había detrás del mito?
    -Lo más atractivo, como decía su hermana Pilar: un hombre de carne y hueso capaz de heroicidades, y también de caídas y arrepentimientos.
    -¿Fue un hombre religioso?
    -Sabía que estamos aquí de paso y tenía la mirada puesta en Dios, con un sentido religioso de la existencia. La víspera de ser fusilado hizo confesión general con un sacerdote con quien compartía prisión, y murió con un crucifijo colgado al cuello.
    -Antes hablaba de sus caídas…
    -Era muy tímido, pero logró superar esa timidez. Al mismo tiempo, tenía un carácter fuerte, en ocasiones displicente. Sin embargo, luego no dudaba en pedir perdón.
    -Como hace en su testamento…
    -Sí, porque su ímpetu era, a veces, ira. Pero cuando juzgaba a los demás de manera injusta (como a Franco, a quien vio en marzo de 1936, poco antes de su detención, y juzgó poco preparado para encabezar un alzamiento) sabía rectificar.
    -Era un aristócrata, ¿también un señorito?
    -Solo al principio. José Antonio Girón de Velasco contaba que tras estrechar la mano de algún camarada se la limpiaba después, pues le daba asco el sudor. También le molestaba el ruido que hacía Julio Ruiz de Alda al sorber la sopa.
    -¿Qué le hizo cambiar?
    -Cuando esos mismos camaradas empezaron a caer. Eso le transformó. En cierta ocasión le preguntaron por qué no dejaba la política y se dedicaba a su verdadera vocación, la abogacía. “Me sujetan los muertos”, contestó.
    -La guardia sobre los ‘luceros’ del Cara al Sol…
    -Sí, su sentido de la camaradería y de la amistad fue lo que le mantuvo en política y le convirtió en un mártir esclavo del deber. “Si tantos han caído, ¿cómo no va a caer el jefe?”, le dijo a su hermana Pilar poco antes de morir.
    -Pasó del peor defecto de la nobleza a la mejor virtud…
    -Hay un momento en el que deja de creer en los títulos nobiliarios, y le comenta a Ramón Serrano Suñer que si se casa prescindirá del suyo y de los de quien habría sido su mujer.
    -¿Quién, y por qué no llegó a serlo?
    -Pilar Azlor de Aragón, la duquesa de Luna: el gran amor de su vida, su novia de siempre. Su padre, el duque de Villahermosa, se opuso al matrimonio.
    -¿Por qué?
    -No quería que los títulos de la familia (una de las de mejor abolengo de España) se viesen ninguneados por el de marqués de Estella de José Antonio. Pero, sobre todo, porque le veía como el hijo de su enemigo.
    -¿Miguel Primo de Rivera?
    -Sí, le culpaba de la caída de Alfonso XIII. Además, José Antonio no era monárquico. Sin embargo, por lealtad, cuando el tren en el que en 1931 huía Victoria Eugenia de Battenberg paró en Galapagar, solo él la cumplimentó en el andén.
    -Pero dijo aquello de que “la monarquía se desprendió como cáscara muerta”…
    -Y el duque no se lo perdonaba. Tras el 14 de abril había cerrado su casa, el Palacio de Villahermosa (hoy Museo Thyssen-Bornemisza), para ir a vivir a Zarauz y Zaragoza. Ni después de la guerra volvió, porque Franco no cedía el poder a Don Juan.
    -¿José Antonio amó a Pilar hasta su muerte?
    -Entre los papeles de la cárcel había varias fotos de ella y poemas dedicados.
    -Pero hubo otras mujeres…
    -Sobre todo, Elizabeth Asquith, hija del ex primer ministro británico Herbert Asquith, casada con el Príncipe Bibesco, embajador rumano en Madrid, a donde llegaron en 1927. José Antonio fue su amor platónico.
    -¿Sólo platónico?
    -Es difícil saberlo. Hay una carta de José Antonio de marzo de 1936, ya desde la Cárcel Modelo, cuyo tono sugiere que había ‘algo’, y un telegrama de ella a él donde le dice: “Pienso en ti, amor”. Elizabeth escribió en 1941 una novela, The Romantic, sobre un triángulo amoroso… y va dedicada a José Antonio.
    -¿Cómo afrontó la cárcel?
    -Como un hombre recio y valeroso. Adaptó a su vida en prisión lo que era su vida en libertad: horarios, disciplina… Era una persona escrupulosamente ordenada y organizada y de gran entereza y fortaleza psicológica.
    -¿Tuvo esperanzas de ser absuelto?
    -Hasta el final. Y luego, de un indulto. Sabía que era víctima de un complot para acabar con su vida, pero se empeñó a fondo en su defensa y en la de su hermano Miguel y su cuñada Margot Larios, encarcelados con él. Incluso la víspera del fusilamiento le dijo a su hermana Carmen que todavía no estaba todo perdido.
    -¿Quién se encargó de lo contrario?
    -Francisco Largo Caballero. En sus memorias miente al decir que se enteró cuando ya no podía hacer nada. Juan García Oliver, su ministro de Justicia, describe en las suyas con todo detalle la sesión del Consejo de Ministros donde se rechazó el indulto.
    -¿Supo de los intentos de liberación?
    -Estaba al corriente, a través de la hija del práctico del puerto de Alicante, que le visitaba en la cárcel, de la labor del cónsul alemán, Joachim von Knobloch.
    -No pudo ser, y nació el mito. ¿Qué nos dice hoy su figura?
    -José Antonio es un revulsivo, un ejemplo de generosidad, de anteponer la Patria a los intereses personales. También un personaje molesto: representa lo contrario de lo que se estila. Por eso su ejemplo es una soberana lección para los políticos de hoy.
     

Auge y caída del poder sindical azul (1938-1941) por Gustavo Morales

La Revolución en la Guerra

(Gustavo Morales)
Los intentos por crear estructuras revolucionarias de los falangistas comenzaron durante la Guerra Civil. En los primeros meses del conflicto, en el bando nacional, Falange desarrolló leyes sociales para solventar las seculares injusticias que sufrían los trabajadores españoles. Los falangistas tenían una oportunidad histórica que les habían negado las urnas y abierto los fusiles.
La ofensiva anticapitalista azul arreció cuando Dionisio Ridruejo asumió las responsabilidades de Prensa y Propaganda, auxiliado por Fermín Yzurdiaga, Román Oyarzun y Antonio Tovar. La prensa falangista “seguía condenando, como antes, el liberalismo en todas sus formas […] denunciaban ciertos aspectos franciscanos del catolicismo o declaraban que el Papa no era infalible en cuestiones políticas… cuando, con retraso, el fascismo adquirió relevancia durante la Guerra Civil, mutaría y se sincretizaría de manera inevitable en un híbrido «fascismo frailuno»” (Payne 2006: 72). Como ejemplo, Ridruejo acusó a Pedro Sáinz Rodríguez, que era ministro de Educación, de “haber ofrecido a la Iglesia una gran influencia en la educación”. (Payne 1997: 465) No mentía ni se equivocaba.
(Dionisio Ridruejo)
Trece meses antes de terminar la guerra, el 30 de enero de 1938, Franco formó un Gobierno en el que Fernández-Cuesta asumió la cartera de Agricultura y el ingeniero Pedro González-Bueno ocupó el Ministerio de Organización y Acción Sindical. Su departamento generó leyes avanzadas de protección social y laboral, aunque fue rebatido por algunos camisas viejas: “Si se hubiese levantado un acta de las sesiones, lo que no creo que sucediera, se habría constatado que tanto requetés como conspicuos falangistas resultaban defensores del sindicato de clase. Paradojas” (González-Bueno 2006: 201). Ese mismo año, el 9 de marzo, se aprueba el Fuero del Trabajo más inspirado en la encíclica Rerum Novarum que en la  fascista Carta del Lavoro italiana. González Bueno escribió sobre esos días: “El capital era colocado en su lugar, con la declaración de que no era sino un instrumento de la producción. El trabajo no debía ser considerado una mercancía que se compra o se alquila, sino un honor para el trabajador y un derecho” (González-Bueno 2006: 156). Más aún, los sindicatos serían el cauce de democracia política y económica: “El Fuero del Trabajo cuando se aprobó anticipaba un régimen denominado «nacional-sindicalista», en el que la Organización Sindical, por una parte, debería ser vehículo de la representatividad política del pueblo, pero por otra habría de intervenir directamente en los Ministerios económicos del Gobierno” (González-Bueno 2006: 157). Los falangistas avanzaban en la construcción del esqueleto de un Estado durante la guerra y apenas notaron cuando lo sindical dejó de ser un Ministerio para convertirse en una Delegación.

Los sindicatos de Salvador

El partido único FET y de las JONS lo controlaba el presidente de la Junta Política, Serrano Suñer, quien decidió asignar nuevamente los sindicatos al movimiento. El 9 de septiembre de 1939, el notario Gerardo Salvador Merino, de 29 años fue nombrado delegado de Sindicatos. Salvador había sido herido dos veces en combate en el frente asturiano. Fue nombrado jefe comarcal de FET por Germán Álvarez de Sotomayor en junio de 1937 y jefe provincial en noviembre. Fernández-Cuesta lo destituyó por realizar una concentración en la plaza de toros de La Coruña el 24 de abril de 1938, con el lema “Abajo la burguesía”. Salvador marchó de nuevo al frente, combatiendo en Castellón, con la graduación de sargento obtenida por méritos de guerra (Moreno Juliá 2004: 45).
El delegado de Sindicatos dependía del secretario general de FET, general Muñoz Grandes, que había sido rápidamente atraído por las tesis azules más revolucionarias. “El nombramiento de Salvador Merino es buena prueba de por dónde iban los intereses e inclinaciones políticas de Muñoz Grandes durante su paso por la Secretaría General” (Togores Sánchez 2007: 227). Salvador se adscribía al grupo más radical de Falange, hostil a la masa derechista que ingresó en las filas falangistas y que fue mal asimilada durante la guerra. Según Manuel Penella, el secretario de Ridruejo, el general Muñoz Grandes se “había entendido muy bien con Gerardo Salvador Merino, hasta el punto de que había pensado lanzarse por su cuenta a la conquista de Gibraltar para poner a Franco ante un hecho consumado y obligarle a hacer la revolución” (Togores Sánchez 2007: 247).
Payne describe a Salvador, de una forma simplista, como “nazi ardiente, cuyo objetivo era levantar un sistema sindical poderoso y relativamente autónomo como elemento decisivo del nuevo régimen” (Payne 1997: 523). Sí era cierto que Gerardo Salvador era radical en su falangismo. “Lo que planeaban Salvador Merino y sus colaboradores había de ser un Nacional–sindicalismo que estuviese alejado de los sindicatos «libres» [...] que correspondiera a las exigencias de la clase trabajadora española” (Ruhl 1986: 63). En 1940 todavía era posible la revolución. El poder de Salvador Merino creció porque pudo moverse con independencia debido a varios factores: los jerarcas miraban a otra parte; Serrano Suñer se afanaba en acaparar el control del nuevo Estado; estaba vacante la Secretaría General de FET y de las JONS tras su abandono por Muñoz Grandes y entre los falangistas existía un déficit de liderazgo.
La reestructuración sindical de Salvador fue total hasta llegar a la Ley de Unidad Sindical en la que se aseguraba el predominio de los Sindicatos que integraron a las asociaciones profesionales y empresariales. El 26 de enero de 1940 se promulgó la ley de Unidad Sindical. Los jóvenes azules la usaron para hacerse con amplias áreas de poder sindical: “La ordenación económico social de la producción se ejerce a través de los Sindicatos Nacionales […] El jefe de cada Sindicato Nacional será nombrado por el Mando Nacional del Movimiento, a propuesta de la Delegación Nacional de Sindicatos”.
El poder sindical azul se manifestó de forma pública en una multitudinaria concentración de obreros el 31 de marzo de 1940, celebrando el primer año de paz, que marchó por el Paseo de La Castellana gritando que los trabajadores habían conquistado el poder y el Estado Sindical iba a ser implantado. La demostración levantó las iras de sectores del Ejército y el miedo de muchos capitalistas, así como de los monárquicos. El general Varela juró que acabaría con la carrera de Salvador. Los tres sectores se pusieron de acuerdo en la necesidad de reducir el poder de los azules. Comenzó la pugna. Franco debilitó a los falangistas destituyendo al general Yagüe como ministro en junio. La entrevista de los dos militares fue “un enfrentamiento en toda regla. De legionario a legionario”. (Palacios 1999: 261) Al mes siguiente, los generales Solchaga y Orgaz se quejaron al Caudillo de los falangistas. Después también lo hicieron los generales Aranda y García Escámez en el mismo sentido, pidiendo una restauración monárquica, que aplaudían los generales Varela y Kindelán.
(Narciso Perales)
Los falangistas se sentían con fuerzas para vencer. Gente próxima a Dionisio Ridruejo, en el boletín que publicaba la Delegación Provincial de Barcelona, escribía en julio de 1940: “Encuadrados en nuestros Sindicatos existen una gran cantidad de empresas y de productores que no se encuentran en su sitio. Que están con nosotros por las circunstancias a disgusto. Su incorporación a nuestros Sindicatos ha sido su mal menor. Expresado en dos palabras: están incómodos. Denotan su casta […] caciquil, siguen haciendo política cobarde y destructora y quieren hacer cundir en otros la desanimación; pero no saben cuan lejos están de esto”.  En octubre, Salvador afirmaba que “dentro de muy pocos días, los Sindicatos Nacionales tendrán de hecho y por derecho atribuciones de enorme trascendencia y responsabilidad respecto a la ordenación económica nacional, con vistas a una unidad, siquiera de instrumentación, de la política económica del Estado”. La Delegación Nacional de Sindicatos la definió Germán Álvarez de Sotomayor como “refugio o reducto último de nacional-sindicalistas” en el I Congreso Sindical, celebrado del 11 al 19 de noviembre de 1940.
Analizando la nueva ley sindical, Pío Miguel Izurzun, el delegado de sindicatos de Barcelona, con cerca de medio millón de afiliados, expresó: “La ley termina con los jerarcas irresponsables del capitalismo, anula las fuerzas ocultas y mágicas del poderío financiero. En una palabra comienza solemnemente la verdadera Revolución Nacional contra una serie de siglos de orden antiespañol y anticatólico, [...] capitalista y marxista”. Esa ley integraba a las asociaciones de tipo gremial, fueran profesionales o empresariales en una única organización. Salvador era un revolucionario, que con la Ley de Unidad Sindical, extendió por España en 1940 una red sindical acometiendo obras sociales novedosas y avanzadas.
El descontento de los azules con los monárquicos y derechistas, a finales de ese año, llevó a Dionisio Ridruejo a hablar a “un confidente del SD [Sicherheitsdienst, servicio de información de la Schutzstaffel, las SS nazis] de un derrocamiento político que se llevaría a cabo en breve y con probabilidades de éxito” (Ruhl 1986: 64). En esa línea, los camisas azules que rodeaban a Serrano Suñer le exigieron un golpe de timón. Había que romper con el Estado burgués y clerical, para ello necesitaban poder real. Querían la Presidencia del Gobierno, los Ministerios de Asuntos Exteriores, Gobernación y Educación; fundiendo los Ministerios de Agricultura, Comercio e Industria en uno solo de Economía. Amenazaron a Serrano con pasar a la oposición y dimitir en masa. Serrano ofreció a Salvador la cartera de Trabajo para convertirle en su aliado y, además, poder fiscalizar, desde el Gobierno, la ya poderosa Organización Sindical, pero Gerardo Salvador quería más: pidió la Secretaría General del Movimiento y los Ministerios de Gobernación y de Asuntos Exteriores, cuyo titular era Serrano.
Hans Thomsen, el representante nacionalsocialista en Madrid, preparó a Gerardo Salvador un viaje a Alemania para que conociera el Frente de Trabajo Alemán. Simultáneamente Salvador ofrecía 100.000 trabajadores a esa organización (Togores Sánchez 2007: 334). “Como aliado para sus intenciones se ofreció, en primer lugar, laAuslandsorganization (Organización para el Extranjero) del Partido Nacional Socialista Alemán  (NSDAP), que se había establecido en España durante la Guerra Civil y relacionado con los viejos falangistas” (Ruhl 1986: 19). Salvador visitó Alemania el 29 de abril de 1941, donde se reunió con Goebbels, Ribbentrop, Funk, y Hess. “El espionaje alemán informó de que Salvador Merino estaba involucrado en una conspiración (Yagüe, Aranda, Asensio y Muñoz Grandes) dirigida a formar un nuevo Gabinete, constituido por militares y falangistas, del que quedase excluido Serrano.” (Moreno Juliá 2004: 47). El ministro de Propaganda del Reich, el Dr. Goebbels, anota en su diario: “Franco y Suñer completamente entregados al clericalismo, carecen de apoyo popular; ni siquiera han comenzado a ocuparse de cuestiones sociales; hay un caos tremendo; la Falange no tiene ninguna influencia […] Esta es la imagen de un país después de una revolución que ha causado casi 2 millones de muertos. Y encima es un aliado nuestro. ¡Espantoso!”.[i]
A su regreso, Salvador realizó el II Consejo Sindical. El nuevo secretario general de FET, José Luís Arrese, y Serrano Suñer le miraban con desconfianza. Salvador, en su alocución a Franco explicando los resultados del Consejo, exigió más poderes para los sindicatos, donde Muñoz Grandes había aconsejado que se admitiera a los obreros de cualquier procedencia, y pidió la proclamación urgente de la hegemonía absoluta de la Organización Sindical en política y economía.
Franco dio un nuevo golpe de timón. En la reestructuración gubernamental de mayo de 1941 Girón de Velasco fue nombrado ministro de Trabajo y José Luis Arrese secretario general de FET, para desactivar cualquier veleidad radical, a  pesar de que el teniente coronel Écija avisó al Caudillo que Yagüe y Arrese conspiraban contra la Jefatura del Estado (De Diego 1991: 104).
El 7 de julio de 1941 se casó Gerardo Salvador en Barcelona, partiendo de luna de miel a Baleares. Salvador vio que el Gobierno le había consentido el discurso radical porque lo necesitaba para encuadrar al proletariado español, hasta 1939 influido  por el anarcosindicalismo. Pero Salvador sobrepasó los límites al intentar hacerse con el control de la economía nacional para obtener el poder. El delegado nacional de Sindicatos vio reducidas sus atribuciones. Ante ello, contactó con los falangistas rebeldes, como Tarduchy y González de Canales, pero rechazó las aventuras clandestinas en que estaban implicados. Después buscó el sostén de camisas viejas mejor colocados como Pilar y Miguel Primo de Rivera, Mercedes Sanz Bachiller y Martínez de Bedoya. Era tarde.
El Consejo de Ministros acordó la destitución de Gerardo Salvador Merino por “pertenencia a la masonería y a círculos socialistas durante la II República”. Su presencia en logias masónicas nunca fue probada aunque sí muy aireada por la BBC británica. Lo de venir del socialismo sí era cierto como el mismo Salvador había reconocido en su ficha de afiliación a Falange. Había abandonado el PSOE cuando miembros de éste atentaron contra sus padres, en mayo de 1933. Tanto él como sus más próximos colaboradores fueron expulsados de FET. Salvador fue confinado en Baleares a finales de 1941. “La Falange de izquierdas fue relegada políticamente. Puestos de experimentación, que Franco había encomendado a la Falange, después de la Guerra Civil española fueron suprimidos” (Ruhl 1986: 174).
Había terminado el intento más serio de los falangistas de hacerse con el poder. Conforme la Segunda Guerra Mundial se acercaba a su fin la influencia de los azules se iría reduciendo hasta el acompañamiento coreográfico.
Obras citadas:
De Diego, Álvaro. José Luis Arrese o la Falange de Franco. Editorial Actas, Madrid, 2001.
González-Bueno, Pedro. En una España cambiante. Áltera, Madrid, 2006.
Moreno Juliá, Xavier. La División Azul. Crítica, Barcelona, 2004.
Palacios, Jesús. La España totalitaria. Las raíces del franquismo: 1934-1946 Planeta, Barcelona, 1999.
Payne, Stanley. Franco y José Antonio. Planeta Barcelona, 1997.
Payne, Stanley. 40 preguntas fundamentales sobre la guerra civil. La esfera de los libros, Madrid, 2006.
Togores Sánchez, Luis Eugenio. Muñoz Grandes. La Esfera de los Libros, Madrid, 2007.
Ruhl, Klaus Jörg. Franco, Falange y III Reich. Akal, Madrid, 1986.

(Tomado de Hispaniainfo.es)

HOMENAJE A JOSÉ ANTONIO EN GERONA

Militantes y simpatizantes de La Falange, asistieron a la conferencia de la “A.C. Gerona Inmortal” sobre José Antonio: en ella, se analizó la fuerza del mensaje del Jefe y su personalidad.

Destacó la emotividad de la experiencia familiar del Coronel Flores Thies, cuya madre fue la primera falangista en alistarse desde tierras africanas y cuyo padre murió al servicio de la Patria. Adrián Oviedo destacó la voluntad de José Antonio de acabar con todos los capitalismos, desde el rural al industrial, un mensaje que encandiló a su padre en el 35. Millán Lavín subrayó la fina ironía del Fundador de Falange y cómo su humor cáustico le llevara a protagonizar enfrentamientos verbales de mayor o menor intensidad.
Fueron múltiples las anécdotas en torno a la figura de José Antonio: Desde el archiconocido enfrentamiento con Queipo de Llano, a otras menos conocidas, como las que refiriera Agustín Castejón: La expresión de su voluntad de pese a aborrecer a la política y los políticos del momento, de no desfallecer en su lucha por España, afirmando que no podía abandonar la empresa política, porque le sujetaban los muertos y la definición rotunda de su hermana Pilar, afirmando en 1976 que era “un torbellino de amor a España”.
Tras la exposición de los conferenciantes, los asistentes participaron muy activamente en el posterior coloquio, tras el cual, se pudieron adquirir ejemplares del último libro de Adrián Oviedo: “Un español frente al separatismo” y otros títulos de las editoriales Barbarroja y ENR, principalmente.

(Tomado de Hispaniainfo.es)

sábado, 26 de noviembre de 2011

Presentación de 'Palabras en azul' (Ed. Barbarroja)

SANCHEZ-SILVA, CIEN AÑOS Por Enrique de Aguinaga (*)


(Enrique de Aguinaga)
Por el interés y calidad literaria del artículo y por lo que de merecido homenaje supone a José María Sánchez-Silva, reproducimos este artículo publicado en ABC (24, noviembre, 2011) que atañe a otros tantos joseantonianos; autor y homenajeado.

“Siempre sabrás la edad de José María -- decíamos--, porque su fecha de nacimiento es inolvidable: el once del once del once”.  Decíamos José María Sánchez-Silva, indisolublemente asociado a “Marcelino, pan y vino”, que murió en 2002 y que ahora ha cumplido su centenario.

Me consta el mutuo afecto de Cela y Sánchez-Silva, desde los tiempos de la calle Larra. Cela, ante la muerte del amigo, que solo le precede en cuatro días,  le dedica su último artículo, que se publica como texto póstumo en ABC. En su escrito final, Cela  reconoce que “la critica y la historia literaria no han sido justas con la memoria y la consideración de Sánchez-Silva”, que “hace tiempo que su nombre se había descabalgado de la nomina de los que interesaban a los estudios del fenómeno literario”. Y añade: “Todos sabemos que sobre estas lucubraciones influyen siempre el calendario y la política”.

Siete años antes, había encabezado con  un profundo “Mi querido amigo” la carta que le dirigió en “ABC”, “Carta a un amigo, en su blocao” (1994): “Estoy empezando a pensar que ya no existo...y que no somos ni tu ni yo, sino figuraciones, espejismos, sombras fantasmales, semimuertos que andan mareando a los herederos que se impacientan porque no las tienen todas consigo”.

José María le había escrito a Camilo, una detrás de otra,  cuarenta cartas (es admirable la vis epistolar de Sánchez-Silva, que en un tiempo, así me lo dijo, llegó a escribir doce cartas mensuales a una famosa actriz catalana) Y José María, cuando completa la baraja de las cuarenta cartas, considera que tiene que destruir la situación:“Tu carta numero 40 no puede ser la última --le contesta, en “ABC”, Camilo a José María--; tu y yo tenemos la obligación de resistir y seguir. A todos nos asestan puñaladas pero no olvides que, en ciertas ocasiones, una sangría puede ser saludable. Tu en tu blocao y yo en el mío, los dos tenemos la obligación de morir con las botas puestas, quiero decir con la pluma en la mano. Aparta malas ideas de la cabeza, no pidas nunca a nadie más de lo poco que pueda dar de si y sigue escribiéndome hasta que se te pare el corazón”.

(José María Sánchez-Silva)
Poquísimos lectores de “ABC” sabíamos que esta era una carta de Cela a Sánchez-Silva, aunque Camilo no pusiera el nombre del destinatario, “porque no hay que dar tres cuartos al pregonero”. Y le llama “mi querido N.N.”, como le habría podido llamar “mi querido prohibido”. 

A su muerte, el silencio de escritores diarios confirma la observación  de “Ecclesia” (“Su nombre está silenciado en panoramas de la literatura contemporánea.”) y de   Miguel Ángel Velasco, director de “Alfa y Omega” (“Los medios de comunicación de este país lo han silenciado sectariamente”). “Ecclesia” simplifica la causa de la proscripción de José María y deja abierta la cuestión a todos los añadidos y matizaciones: “por diversos motivos, entre ellos quizá el de ser escritor católico y el de haber escrito la biografía laudatoria “Franco, ese hombre” (1964)”.

¿Hasta cuando la obstinación  en borrar la realidad? ¿Hasta cuando la sistemática tergiversación de la historia? ¿Hasta cuando la irracionalidad de los tabúes? ¿Hasta cuando la ferocidad de la censura invisible?

Trato de contar a José María Sánchez-Silva, autor del cuento español más famoso del siglo XX; a José María, que es el  único español que ha obtenido la Medalla Internacional Hans Christian  Andersen (1968), llamada “pequeño Nobel” o “Nobel de la literatura infantil”.

Estoy hablando del articulista grande, amen de guionista y director; del periodista que, cuando no se viajaba, dio la vuelta al mundo y lo contó; del premio “Mariano de Cavia” (1947), Periodista de Honor (1964) y Premio Nacional de Literatura (1957), de Periodismo (1945) y de Cinematografía (1955);  del padre de “Marcelino, Pan y Vino”, “Historias menores de Marcelino, Pan y Vino” y “ Aventura en el cielo de Marcelino Pan y Vino”; del gran epistológrafo (“Carta de un niño a Dios”, “Carta a mi”, “Carta a la lluvia”, “Carta al cine”, “Carta a las madres”, “Carta abierta al general Casinello”, “Carta del amor hecho”, “Cartas a un niño sobre Francisco Franco”...); del inventor de “Luiso” y de “Ladis”; del narrador de “El hombre de la bufanda”, “La otra música”, “No es tan fácil” o ”La ciudad se aleja”; del biógrafo de “Juana de Arco” y “San Martín de Porres”; del historiador sagrado de “Adán y el Señor Dios”, “Jesús creciente” y “La adolescencia de Jesús nunca contada”;  del cuentista de “La burrita Non”, “Adiós, Josefina  o “Colasín, Colasón”; del cronista de  “Historias de mi calle” y “Memorias de un niño de la calle” .

 (Célebre fotograma de la versión cinematográfica de ‘Marcelino Pan y vino’ dirigida por Ladislao Vajda en 1955)

En la ocasión del 11 de noviembre de 1959, cuando  cumple cuarenta y ocho años, cuando celebra las bodas de plata con la literatura y el periodismo, cuando  recibe el homenaje nacional y la Gran Cruz de la Orden de Cisneros, cuando Ramón Gómez de la Serna, Ramón el Grande, desde Buenos Aires, le escribe que “con la palanca de su pluma ha llegado a mover el mundo”, Sánchez-Silva hace una recapitulación de su vida y eleva a definitivas sus importancias provisionales: “Me importan cada vez más los otros, los demás. No es esta una actitud desinteresada: es que “los demás” soy yo, es que yo “estoy en” mi prójimo, es que, cuando me han ordenado amarle a él, sabían que ese amor me salvaría a mi principalmente”.

Para las generaciones de la guerra, “el otro” es el que está enfrente. Por eso, entre los artículos de Sánchez-Silva, tengo una devoción preferente por “Arenga a los muertos”, que se puede catalogar como poema, que, por encima de las catalogaciones, considero artículo de prueba, articulo esencial,  y que, a modo de reliquia, conservo en su papel original, quebradizo y reseco, impreso a toda plana,  pagina señera de contraportada, doble que los formatos hoy habituales, como un bando mural, con  una  gran ilustración central y lujo de capitulares, en  letra bodoni del cuerpo 14.

Hay que pensar que la arenga está escrita en una doble y numantina posguerra, española y mundial, de combatientes que apenas han tenido oportunidad de dejar de serlo, de victorias en alto, de gloriosos entierros, de “ellos y nosotros”, de silencios profundos. Y Sánchez-Silva invoca, no a “los mejores”, sino  a todos los muertos, al universo de los muertos, incluidos expresamente “republicanos” y “rojos”, precisamente en “Arriba”, precisamente el Día de los Caídos (29 de octubre, 1945)

Todos sus libros los tengo en una estantería predilecta y todos están dedicados. Esta es la dedicatoria de “Jesús Creciente” (1985): “A mi amigo Enrique de Aguinaga, que es una de las tres únicas personas que saben que a este relato le falta el tercer capitulo final de la obra titulado “La llamada del Jordán”, escrito y destruido cuatro veces en cinco años y medio, que ahora está en el telar por quinta y última vez”.

Así escribía José María, muerto silenciosamente.”¿Tu crees que los muertos no se mueren, José María?” le pregunta Manuel Alcántara. Le contesta José María: “Estoy convencido. Nadie se muere”. Me lo dijo en letras de condolencia cuando murió mi madre (1959): “Desde antiguo, se nos tiene prometido algo a este respecto y no hay sino esperar. Aunque no estudié latín --ni nada-- sé esto: “Expecto resurrectionem mortuorum”.



(*) CATEDRATICO EMERITO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID