Mostrando entradas con la etiqueta 29 de octubre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 29 de octubre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de octubre de 2014

HOY, 29 DE OCTUBRE (MANUEL PARRA CELAYA)


De repente, he caído en la cuenta: hoy es 29 de octubre. Hace años que siento una especie de rechazo interior por evocar efemérides, pero dicen que la excepción confirma la regla… Por supuesto que la fecha no es nada significativa para casi la totalidad de eso que llaman la ciudadanía, pero como pertenezco a la inmensa minoría que tiene capacidad de recordar su pasado sin sonrojo y, especialmente, creo en el futuro, no me importa publicar que hace la friolera de ochenta y un años, en el Teatro de la Comedia de la madrileña calle del Príncipe, hablaron tres oradores en lo que se consideró el acto fundacional de Falange Española.
No es del todo exacto que se tratara de ese acto fundacional de un movimiento con ese nombre, entre otras cosas porque no quedaba claro cómo se iba a llamar, pero ese día, según el último de los oradores se alzaba una bandera. Se trataba de un joven de treinta años, José Antonio Primo de Rivera, y le habían precedido en el uso de la palabra el aviador militar, héroe del Plus Ultra, Julio Ruiz de Alda y un intelectual cercano a Ortega y colaborador de su Agrupación de Intelectuales al servicio de la República, Alfonso García Valdecasas. Precisamente, en ese mismo marco, diecinueve años atrás, don José había disertado sobre Vieja y Nueva Política.



Muchos recordamos aquella monótona repetición de actos conmemorativos durante el régimen anterior; algunos, cuando aún no habíamos llegado a la mayoría de edad, nos encargábamos de alborotarlos con un Falange sí, Movimiento no, que era la preocupación de los poncios, teóricos jefes provinciales de aquel Movimiento, ante el crecimiento de la contestación azul al percibir que poco tenía de falangista aquella situación y aquella sociedad.
En todo caso, esta evocación particular puede quedar limitada al terreno de la pura nostalgia legítima… Ochenta y un años son muchos años. Claro que si repasamos el contenido esencial de aquel acto, que se tituló de afirmación española, podemos llegar a la conclusión de que no está del todo desfasado; de todas formas, el propio José Antonio diría de aquella presentación que tenía el candor y la ingenuidad de la infancia. Eso quiere decir que él maduró, y mucho, en una labor intelectual y política, no solo por lógica evolución, sino por una progresiva integración de nuevos elementos doctrinales, sacados de muchas fuentes de modo incansable.



Hay muchos textos joseantonianos posteriores de más enjundia, si se quiere, que aquel del acto del 29 de octubre. Mi mirada quiere ser para el presente y para el mañana que, como dijo el poeta, no está escrito. No nos pueden bastar las palabras de 1933, ni las de 1934 o 35 o 36… No siquiera las del 2000, pronunciadas acaso por alguien seguidor de aquel joven. La historia camina siempre hacia adelante y han ocurrido tantísimas cosas en el mundo que, cada mañana, al despertarnos y ver el primer rayo de sol por la ventana, nos parece que estamos inaugurando una situación nueva; algunas veces nos acomete el pesimismo, pero otras descubrimos que la aventura humana sigue siendo apasionante. Incluso, nuestra particular aventura azul, en algunos casos tan olvidada.
De esta evocación me quedo con tres cosas solamente: lo de afirmación española, lo que constituye la base humanística y cristiana del mensaje, lo de la búsqueda de caminos de justicia social más profunda y, especialmente, la actitud, a la que me gusta seguir denominando con la palabra estilo. Sobre ello hay que construir nada menos que todo lo demás. Construir un nuevo falangismo -¿neofalangismo?- acorde con nuestro momento. Se trata de intuir qué hubiera dicho José Antonio Primo de Rivera en el 29 de octubre de 2014, en cualquier sala de conferencias de España o de Europa.



Quede bien entendido que nuestra inmensa minoría comprende muchas tendencias, o sensibilidades, como se dice ahora; unas nos pueden gustar más que otras. También, fuera de nuestro pequeño universo, hay españoles que acaso hubieran asistido, a título de curiosidad, a un acto de afirmación española similar en nuestros días, y están ahí; sobre todo, hay muchos jóvenes que no saben de efemérides ni de nombres históricos, pero sí pueden presentir que no están conformes con lo se respira a su alrededor y confían en alguna voz, en algún lugar, en algún momento…
Quede bien entendido, asimismo, que no se puede desandar un camino, pero hay que tener los ojos del alma fijos en un horizonte.



domingo, 28 de octubre de 2012

LA LUZ (Rafael García Serrano en El Alcázar 29/10/1984)



(Rafael García Serrano)

“Al escribir de carrerilla, casi mirando al calendario, la fecha de hoy, me he dado cuenta del día en que vivimos, al menos del día en que vivimos/morimos unos cuantos. En esta jornada municipal y torva, con un Madrid donde hay reservas para travestis como en los Estados Unidos para indios sioux. A estos y otras tribus, el Gran Jefe Blanco, en paz o en guerra, los cambiaba de praderas y tierras de caza, como quien se cambia de pensión, pero siempre tirando a peor. Aquí, no sé si en paz o en trifulca, el Gran Viejo Profesor –Gran Padre Blanco de los madriles- los traslada también a otras praderas de caza, de María de Molina a Vitrubio. Y de repente es como si me encontrase en el extranjero, a mil leguas del Madrid que yo conocí, incluso en tiempos malos, y me parece imposible que se diese tal día como hoy en este Madrid que es una pulpa sucia y apestosa, y en una mañana tan clara como la de hogaño, la consigna para toda una generación de españoles.


(Imagen de fundación de Falange Española)

       Muchas veces he contado que yo participé del discurso de José Antonio de una manera casual, auditiva, y a rachas, a través de la radio de un barecito de la Corredera Alta, con un grupo de estudiantes del Norte, navarros en su mayoría, que allí tomábamos el aperitivo. Bien, la anécdota es lo de menos, el caso es que por unas y otras cosas aquellas palabras han marcado mi vida y la de todos mis camaradas; los de mi promoción y mi contorno, los más queridos, ya en el otro mundo, por razones de sacrificio, de ley natural y de asco. Y uno piensa cuántos otoños, inviernos, primaveras y veranos han transcurrido desde entonces y cuántas ilusiones, cuántos esfuerzos, cuánta sangre, cuánto heroísmo, cuánto miedo dominado, cuánta luz ha transcurrido desde entonces y cuántos caminos abiertos se han cerrado, por el momento, al parecer, definitivamente. En el mundo todo da vueltas y en España más.

       Sólo cerca del final acierta uno a ver en qué instante se decidió su vida de manera indomeñable, salvo falta de decoro. Para mí fue aquel lejano 29 de octubre de 1933, como para otros muchos, al correr del tiempo, hasta llegar a los emocionantes jóvenes y adolescentes de hoy, que han recogido el relevo sin temblarles el pulso, con la exactitud de un buen atleta, y que conocen la doctrina y hasta la manera de ser que se anunció aquel día, cincuenta y un años hace, mejor que nosotros los viejos, porque nosotros todo aquello lo vimos nacer y crecer junto a las aulas, los campos de España, los talleres y las fábricas, primero en el corazón de manera abrumadora y luego más intelectualmente. Pero estos jóvenes que a veces aparecen por mi casa ha elegido la doctrina falangista, la doctrina joseantoniana –y en ella resumo todas las aportaciones originales de otros compatriotas- de un modo intelectual, preferentemente, aunque luego les ha desbordado el corazón, eligiendo entre otras muchas y cómodas ofertas y en instantes, ya largos, ya demasiado largos, de abatimiento nacional, cuando España agoniza.

(Mitin con el telón con el nombre de falangistas asesinados)

       Si repaso mi vida, como quien hace examen de conciencia, veo que todo su acontecer transcurre como un río brotado de aquel lejano nacedero, en razón de aquel domingo, de aquellas palabras y de las que sucesivamente fue predicando José Antonio por España, durante tres años, hasta su muerte, que aún duele y angustia como si fuese hoy. Las riberas de este río han visto mucha historia, rebeliones, guerras, Itálicas destruidas fulminantemente e Itálicas renacientes, ordenadas, florecidas al sol, y esto sólo con una pequeña brisa procedente de aquel nacedero, no con el viento varón que pudo haber engendrado o que no se aprovechó del todo para mover los molinos de la Patria, no sólo los del bienestar, sino aquellos que engendran los bienes del espíritu, de la fortaleza del país que fue llamado a cumplir una misión tal día como hoy.

       Ya vivo en pleno invierno, en esa soledad reflexiva y tierna que da el vestíbulo de la vejez. Y si hay algo de lo que me sienta contento es de mi fidelidad a aquel hombre y a aquella fecha y de esa candela abrasadora que me ilumina en esta oscuridad y que un día será luz de la madre España.”


(José Antonio Primo de Rivera)